Ser un cuidador

Por: Laura Trujillo, Médica Psiquiatra.

La gran mayoría de las personas tienen o han tenido un familiar o conocido que haya padecido cáncer y saben que esta enfermedad genera un impacto emocional desde el momento del diagnóstico.

A medida que la ciencia avanza el cáncer se convierte en una enfermedad con menor grado de mortalidad, pero con mayor duración y por ende es mayor el plazo en los cambios de la dinámica familiar y de los cuidadores.

El apoyo y la contención que el grupo de cuidadores pueda darle al paciente es un factor protector para sobrellevar este proceso y para mejorar la calidad de vida. 

Este puede ser de diferentes dimensiones, todas igual de importantes: emocional, confidencial, en asistencia médica y transporte, en toma de decisiones y económico. Cuando la dinámica del cuidado es sana, se hace más fácil el proceso de adaptación.

Quienes asuman un rol de cuidador tendrán una relación única con el cáncer. Es por esto que ser cuidador es una experiencia retadora pero enriquecedora a su vez. Ser cuidador implica un cambio importante en las actividades diarias, laborales y sociales. Sin embargo, esta experiencia es gratificante ya que se tiene la oportunidad de cuidar a un ser querido.

Como cuidador podrás experimentar una gran variedad de sentimientos y es importante entender que estos son frecuentes durante la enfermedad.

Las siguientes son algunas de las sensaciones esperadas en el proceso:

  • Miedo: puede ser por la sensación de no tener control sobre la situación o el hecho de desconocer lo que está pasando o cómo va a evolucionar la enfermedad.
  • Rabia y frustración: es frecuente cuando sienten que no se les reconoce el esfuerzo que realizan o perciben falta de apoyo por los que los rodean. En la mayoría de las circunstancias el cuidador hace lo mejor que puede y posible que la persona a quien cuida no responda de la forma esperada.
  • Culpa: puede presentarse desde el momento del diagnóstico con cuestionamientos de la causa de la enfermedad, durante el proceso y el cuidado y al final de la enfermedad. Puede haber culpa al enfadarse con la persona a la que se cuida, por dejar las propias responsabilidades de lado o por sentir que las cosas no se hacen de la mejor manera.
  • Soledad: Al dejar de lado sus propias necesidades en función del otro y sentir que nadie más apoya en el cuidado.
  • Tristeza: cuando las cosas no salen como se espera, hay deterioro en la enfermedad o se agotan las estrategias de ayuda. Es frecuente la desesperanza, el llanto y la tristeza.

Aunque estas emociones pueden ser adaptativas, es importante identificar cuando se vuelven persistentes y empiezan a afectar la calidad de vida y la funcionalidad. En este punto se debe buscar ayuda/apoyo personal y fomentar que su rol de cuidador sea sustituido de vez en cuando.

Para mantener la estabilidad emocional es importante tener hábitos de vida saludables que ayuden a mejorar la condición física y mental del cuidador. 

Las siguientes son algunas recomendaciones que pueden ayudar con este rol:

  • Aprender sobre el diagnóstico específico del paciente facilitará el manejo. Estas son algunas de las preguntas que podrían ayudar:
  1. ¿A quién debo llamar en caso de una duda sobre el tratamiento?
  2. ¿A dónde puedo llevar al paciente en caso de una emergencia?
  3. ¿Qué información debo tener siempre a la mano cuando consultemos?
  • Aceptar ayuda.

Estar a cargo de otra persona puede en ocasiones hacerte sentir como si estuvieras fuera de control. Tendrás nuevas responsabilidades, rutinas y demandas, pero además tendrás que hacerte cargo de tus obligaciones. 

Por eso debes buscar un balance para lograr completar tus actividades.

Ten paciencia, intenta priorizar los pendientes.

Estas son algunas de las preguntas que podrían ayudar:

¿Cuál es el pendiente más importante? 

¿Qué cosas pueden esperar?

¿Con qué me podrían ayudar otras personas, que podría delegar?

Lo más importante es recordar que estás haciendo lo mejor que puedes.

  • Pon límites, prioriza tus necesidades.

Ser cuidador puede aumentar los niveles de estrés. Intenta mantener espacios propios que no incluyan el cuidado de otros. ¡Sacar tiempo para ti no es egoísta, es sano! 

Recuerda:

  • Estar bien es el primer paso para ayudar a los demás.
  • Saca espacios para ti, no te limites. A veces necesitas minutos y a veces días para el descanso. 
  • Mantén actividades de disfrute: deporte, manualidades, salir con amigos, ir a cine, leer.
  • Es sano decir que no puedes cumplir una función de cuidador cuando tienes alguna actividad planeada. Pide ayuda y reemplazo en el cuidado.
  • En ocasiones no te sentirás cómodo con el cuidado. Repórtalo y busca opciones de cambio.
  • Si te sientes abrumado o sobrecargado busca ayuda.
  • Mantén al día la lista de personas que están dispuestas a ayudar y alivianar tu carga. Contáctalas cuando necesites ayuda.
  • Técnicas para controlar el estrés y la negatividad.

Es normal sentirse culpable cuando sacas tiempo para ti, sentir rabia por tener un ser querido enfermo o sentir que tus necesidades o deseos son menos importantes.

Se deben buscar estrategias que ayuden a disminuir el estrés y la ansiedad.

  • ¡Medita, existen múltiples programas que te ayudan a hacerlo- Healing Presents tiene unas maravillosas!
  • Practica yoga, realiza ejercicios de respiración, técnicas de relajación, escucha música relajante o la que te de energía, haz alguna manualidad, pinta mándalas.

Todas las ayudas, por pequeñas que las percibas, son regalos para el paciente.

Ser cuidador te ayuda a desarrollar habilidades que no conocías y te da una fortaleza que no creías tener. 

¡Recuerda que cuidarte te hará un mejor cuidador!

Laura Trujillo, Médica psiquiatra. Torre Médica El Tesoro, consultorio 1427.

Email: ltrujillonuma@gmail.com

Tel: 4234212

Cel: 3116052995